Empeño y fortaleza de una mujer
Solo pocas
mujeres demuestran vehemencia y ahínco ante las adversidades de la vida.
La anciana
miraba fijamente el retrato de su esposo fallecido hace 10 meses. Él con
una seguridad y prepotencia en los ojos, fuerza en la mirada que alguna vez
demostró en su juventud, en sus últimos
días el peso de los años debilitó su firmeza. Ella sostenía firmemente la
imagen de quien fue su compañero por más de 20 años, la soledad era su compañía
desde aquel 16 de enero.
Doña Marta tiene el cabello negro pequeño y con ondas, de menos de metro y medio, de tez oscura, muy sencilla y amable. Su rostro arrugado, contextura delgada, ojos negros. Siempre tan alegre y simpática.
En su niñez vivía en un pueblo distante en San Marcos región de Ancash .Su familia era muy humilde, el campo, los animales y los telares que hacia su padre eran el sustento de todo su hogar. Ella era la última de seis hermanos, quienes la cuidaban y engreían por ser la menor.
Marta tenía 5 años cuando falleció su madre, según ella no fue un golpe muy duro pues no la conoció y no la recuerda. Su padre inculcó en la ella la religiosidad, la oración y la misa de los domingos a la cual siempre asistían, la lejanía de los imponentes cerros no impedía que caminen cerca de tres horas para llegar a su destino.
En la adolescencia Marta dejó su pueblo, se fue con una pareja de esposos para trabajar como su empleada del hogar, vivían en los olivos y la trataban muy bien. En otro trabajo fue victima de una violación que le marco la vida, el resultado fue su único hijo, el motor de su vida, pero a la vez el dolor de un recuerdo que la atormentaba, pero el amor de madre es el más perfecto y no hubo rechazo para su pequeño.
Por varios años vivió sola, mantuvo a su niño a quien trato de darle todo, ella era sinónimo de empeño, esfuerzo. Juan José estudió derecho en la universidad San marcos, donde obtuvo muy buenas notas, se casó y tiene dos hijos, viven en Surco.
A los 41 años conoció a Rafael Quispe, convivieron por 21 años en puente piedra, cerca del cementerio Jardines del buen Retiro. Su relación fue muy problemática por el carácter de se pareja, quien era muy celoso y renegón.
Doña Marta y Don Rafael hasta hace poco vivían de la jubilación de este. Los hijos de Rafael no querían a Marta como pareja de su padre, pocas veces los visitaban. Ambos tenían una mascota muy querida llamada princesa que era su compañía hasta que se cayó del tercer piso de la casa y murió.
El 14 de febrero del 2006 la pareja se caso por civil en la municipalidad de Puente Piedra, ella con 61años y él con 73 años. Fue una ceremonia muy sencilla pero conmovedora, casi después de toda una vida concretaron su relación.
Ambos estaban enfermos, Don Rafael había sufrido un derrame cerebral años antes del matrimonio, su salud se iba deteriorando. Marta tenia dolores musculares, estaba mal del hígado y tenia gastritis, con el dinero de la jubilación les alcanzaba para vivir, pero los medicamentos eran otro gasto que les preocupaba, cuando Don Rafael se sentía mal Marta buscaba a un vecino para que la ayude a llevarlo al médico.
En años anteriores Don Rafael molestaba a los niños para que no jueguen cerca de su jardín, le fastidiaba el ruido por ello espantaba a los niños. Más adelante con una personalidad debilitada a penas se asomaba a la calle, ambos permanecían en su casa.
Doña Marta siempre ha tenido una buena relación con sus vecinos, en las navidades se reunían con sus amigos de la casa contigua y celebraban la fiesta. Su alegría, solidaridad con los que necesitaban era reconocida.
Las mascotas que Doña Marta cuida estuvieron con la pareja mucho tiempo, Laura la mayor, Chacalón el más travieso, pituca la gordita y juguetona, a demás de que en la parte posterior de la casa criaban conejos y cuyes y sin olvidar a sus canarios. Su jardín fuera de la casa, con margaritas y flores eran lo más cuidado por Don Rafael, ahora Doña Marta cuida y riega con mucho cariño.
Las recaídas de Don Rafael eran cada vez más dolorosas, a fines del 2011 ya no salía a la calle, caminaba muy lento, el Parkinson y las secuelas del derrame lo derrumbaron, su esposa Doña Marta esmerada lo cuidaba, incluso soportaba su mal humor, su desgano, ella que también estaba mal permanecía perenne.
La primera semana de enero del 2012 Don Rafael estaba en cama, por el temor de que en la noche tenga una recaída una vecina los acompañaba a pasar la noche y ante un imprevisto los ayudaba, pues antes había sucedido que se había caído y Doña Marta no podía soportar su peso y levantarlo.
Don Rafael cuando dormía hacia ruidos extraños que impedían que Doña Marta descanse, ella estaba totalmente desesperada, la situación era terrible. Su esposo no mejoraba.
Después de dos semanas terribles Don Rafael falleció durmiendo, esa noche ya no hacia esos ruidos que perturbaban a Doña Marta. Ahora él descasaba del dolor de la agonía.
Doña Marta tristemente recuerda a su esposo, lo visita con mucha melancolía. El dinero de la jubilación que recibían ahora es la mitad, debido a que no le alcanza la plata su hijo la apoya, pero ella no quiere causar molestias.
Durante un tiempo Doña Marta estuvo muy sola y deprimida, perder a su pareja fue un golpe muy duro, ahora esta más serena y alquila un cuarto en su casa para solventar sus gastos y tener compañía, a demás participa en una capilla cerca de su casa donde se distrae y ora por su difunto esposo.
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